Inauguración: 16 de abril, 19h00
Del 17 de abril al 15 de mayo de 2010
Lugar: Sala A, primer piso.
Una vida cotidiana determinada por el acontecimiento cristiano: ésta es, en síntesis, la experiencia de las reducciones de Paraguay.
Una experiencia que se desarrolla en un espacio alrededor de 150 años, desde el final del 1500 hasta la mitad del 1700, con una historia riquísima, en la cual la vida de las personas famosas, con sus muchas aventuras (pensemos en el padre Antonio Ruiz de Montoya o en el padre Antonio Sepp, llamado “el genio de las reducciones”) se entrelaza con la de humildes indios Guaraní. Y justamente de este encuentro entre los indios Guaraní y el cristianismo, vivido en su totalidad, nació una experiencia absolutamente única, original, diferente.
Como escribió padre Aleksandr Men’: “El punto de fuerza del cristianismo está justamente en no renegar de nada, en la afirmación, en la plenitud de horizonte que lo afirma todo”. Como sucedió con los padres jesuitas, llegados desde Europa deseando la gloria de Cristo, como dice su lema: “Ad majorem Dei gloriam”, que fueron capaces de crear, en el encuentro con los indios guaraníes, nómadas en busca de “Tierra sin mal”, una realidad social económica, civil que hasta hoy en día suscita estupor.
El estupor que se siente pensando en cómo haya sido posible crear, hace 400 años, en medio de la selva, basílicas imponentes de cuya hermosura hoy sólo se puede tener una pálida idea visitando los restos que quedan en Trinidad y Jesús, en Paraguay, o en San Ignacio Mini en Argentina, o admirando las pocas estatuas sobrevividas en los museos locales.
El estupor que se siente descubriendo el sistema de propiedad y el modelo económico desarrollado en las reducciones, en el cual personas que hace pocos años antes vivían de la caza y del trueque, fueron llevadas a crear un sistema productivo capaz de sustentar a más de 140 mil personas en 30 reducciones.
El estupor que suscita el modelo educativo propuesto y vivido, por el cual todos podían escribir, y la escuela era obligatoria para los niños, cuando todavía en Europa la mayoría de la población era analfabeta; los descubrimientos científicos hechos en las reducciones, como, por ejemplo, los estudios del padre Bonaventura Suárez que crea un observatorio astronómico, que colabora con los mayores astrónomos del tiempo en Viena y San Petersburgo, y escribe un lunario “perpetuo”; todo esto en la selva, lejos de la civilización de aquel tiempo. El descubrimiento de que la primera tipografía de América del Sur nazca en las reducciones, y publique libros no sólo en latín, sino también en idioma guaraní y de escritores guaraní.
El estupor frente al sistema judicial, a la organización de la salud, a la organización urbana (pensemos que en las reducciones existía una red de alcantarillado que en las mayores ciudades coloniales empezó a existir sólo en la mitad del 1800). El estupor que se siente escuchando la música creada en las reducciones por grandes maestros como Zipoli y Sepp, que acompañaba la liturgia más solemne igual que los momentos normales de la jornada.
El estupor que hoy nos invade frente a todo esto es el mismo estupor que invadía a los contemporáneos de las reducciones, los historiadores o los intelectuales de la época desde Muratori hasta Voltaire.
Era una civilización nueva en medio de la selva. Una civilización nueva, en la cual todos los aspectos de la experiencia eran reconocidos y valorados. La finalidad de la exposición es entrar en la vida cotidiana de las reducciones.